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jueves, 29 de octubre de 2026

Oriana - Parte 4



Los recuerdos.

Nuevo día, y otro frío amanecer en San Nico de los Milagros.

Natalia, se levanta de la cama con su larga bata rosa con flores blancas, agarra su chalina lila y se la pone en la espalda. Abre lentamente la puerta de su cuarto, calzando sus zapatos negros cerrados con calcetas de lana oscura, así no se le congelan los pies.

¡Que frío se siente en el pasillo, válgame Dios pero esto es un congelador! - suspira y se abraza a si misma, frotándose los brazos. 

Natalia se asoma por la ventana del patio de servicio, al escuchar un ruido rítmico, fuerte y seco como de lámina. Gran sorpresa se lleva cuando ve a mitad del patio de servicio, varias cubetas tiradas, y mientras abre la puerta y sale a quitarlas, rumiando su enojo dice -¡Marcelo no deja nada acomodado! al rato que despierte le diré que deje las cosas donde van - y corre a la casa para secarse la lluvia que le dejó húmeda su ropa.

El reloj de la Iglesia con sus campanadas anuncia las 5 de la mañana, la oscuridad inunda el panorama, la neblina y lluvia acompañarán a los pobladores de San Nico. 

Es hora de comenzar la jornada diaria, así que Natalia se dirige a su lugar favorito. En la cocina, una olorosa olla con  café negro - tapada desde anoche - quedó encima de la estufa de leña. Y el pan fresco hecho en casa, envuelto con tela blanca para que no agarre humedad, aguarda en la barra de la cocina, lo mismo que la huevera con los hermosos huevos rojos de la granja.

Dentro del refrigerador blanco (Westing House), permanece la olla con leche de vaca y nata gruesa, que tanto les gusta a todos, y en el cajón de verduras: zanahorias, espinacas, elotes, ejotes y papas de la huerta.

Natalia decide preparar un desayuno a base de tostadas de pan con nata y azúcar; café negro caliente con leche o crema, y omelettes rellenos de verduras del huerto, con queso fresco gratinado encima.

!Espero todo quede apetecible! - piensa Natalia, mientras toma a sorbos una tacita de café caliente con canela y endulzado con un poco de panela, que le ha quitado el enojo y el frío de salir afuera.

Marcelo y Oriana continúan dormidos en sus recámaras, los despertadores sonarán a las 5:30 am para que se bañen, vistan y luego desayunen con su madre.  Y después correrán a lavarse los dientes, tomarán sus mochilas y saldrán al parque del pueblo, porque 6:30 am. pasa el camión que los llevará a San Rafael de las Montañas, donde estudian. 

La Escuela de Educación en Ciencias, Artes y Oficios, queda a media hora de San Nico. Oriana tiene 13 años y cursa el primer año de Educación Secundaria. Ha elegido Primeros Auxilios como opción extra, porque sueña con ser doctora y después estudiar cardiología, para tratar casos como el de su papá y que ninguna persona más se muera, ese pensamiento está siempre en su cabeza. 

Cuando Natalia habla con su hija, le ha dicho que cada ser humano tiene un tiempo de vida, y que por eso hay que vivir cada día con intensidad.  Que ella no puede soñar con ir rescatando a todos, porque es una labor imposible para un humano, y la vida es fugaz y la muerte a veces sorpresiva. 

Pero Oriana con su adolescencia llena de fantasías, quiere curar en cada ser humano que rescate, a su amado padre.

Marcelo cursa educación básica, y con sus 7 años lo que más disfruta son los deportes y lo que menos, estudiar en la escuela y mucho menos en su casa. 

Con el parque casi enfrente y los niños pateando balones a todas horas, y silbándole para que salga a jugar con ellos es imposible. Marcelo pasa las tardes suplicando salir a jugar, y ya por la noche hacer la tarea. Pero Natalia que es muy estricta, le ordena terminar la tarea, y luego salir a pelotear con sus amigos.

Desde la muerte de su padre Don Gonzalo por un infarto fulminante hace 3 años, el negocio familiar ubicado en las afueras del poblado, es conocido como "La Huerta-Granja de Zalo" y administrada ahora por Doña Natalia con ayuda de algunos trabajadores de confianza y otros eventuales en épocas de cosechas y recolección.

Gonzalo y Natalia se conocieron de pura casualidad en una tarde calurosa de abril, durante las fiestas patronales en San Nicolás de los Milagros, 

El encuentro de ambos fue circunstancial, Natalia quería comprar unos zapatos de tacón muñeca que estaban expuestos en la zapatería del pueblo, y su mamá la acompañó a ver los modelos que se exhibían a muy buen precio. 

Mientras tanto Gonzalo ya estaba dentro de la misma zapatería, probándose botas para empezar a trabajar en un rancho de cría de caballos.

Ambos no eran oriundos de ese lugar, pero ese día coincidieron. Y es que a veces el destino hace que dos se descubran, se asombren de encontrarse, se vean detenidamente y decidan sonreírse, sonrojarse, ponerse nerviosos, voltear a otro lado para disimular, en una especie de juego del gato y el ratón. 

Todo sucedió esa tarde y en pocos minutos.  

Ambos sentían que no podían dejar de verse y saber quién era el otro, 

La situación fue resuelta por pura coincidencia por la empleada del local, mientras mostraba a Natalia unos zapatos que no le habían gustado, y entonces le sugirió un modelo diferente colocado en el aparador. 

La mamá de Natalia dijo que ella esperaría sentada, porque sus pies estaban ya muy cansados.

Natalia se levantó y junto con la empleada del local, se dirigió a la vitrina de la entrada. Y allí para su sorpresa, encontró de frente a Gonzalo que iba ya de salida con la caja de sus botas amarrada con hilaza trenzada en rojo y blanco.  

Gonzalo sorprendido sonrío y aunque estaba un poco... o más bien bastante nervioso, se presentó como "Zalo del rancho Valle Olivo", y extendió su mano temblorosa para saludar a Natalia. 

Natalia sintió que todo le daba vueltas, con sus mejillas enrojecidas quemándole la cara, extendió su  mano y contestó: "Nati, de la calle centro en San Rafael de las Montañas"

La empleada tosió un poco, y alejándose dijo que sacaría del aparador los zapatos para que se los probara. Pero Nati... no escuchó nada, estaba en otra dimensión en los ojos de Gonzalo. 

Gonzalo se despidió y salió rápido del local.

Y así quedó sellado ese día. 

Lo que siguió, fue la búsqueda de  Zalo en el centro de San Rafael preguntando por Nati. 

Y Nati, esperando que con las pistas dadas... ¡apareciera!