Parte 2
¿Crecer y vivir?
Oriana nos aguarda en el vestidor.
Ha repasado su guardarropa todo: faldas, vestidos, blusas, pantalones, sacos, chamarras, abrigos, capas, buscando aquel traje sastre que guardó en un compartimiento que ahora no recuerda.
Su inconsciente está bloqueando los recuerdos de hace 14 años.
Esa tarde de hace mucho tiempo, una tempestad inundaba las principales avenidas de la ciudad y al asomarse desde su 5o. piso, Oriana decidió salir forrada con su impermeable blanco con capucha, recogerse su cabello en un chongo, ponerse las botas negras a la rodilla y sobre todo, decidió no manejar ese día viendo los carros parados en la avenida.
Caminar, eso era lo más recomendable después de 36 horas en vela, trataría de ir pendiente de los desniveles en las banquetas y de las coladeras abiertas o faltantes.
- Esto es un reto, pero llegaré a tiempo - pensó para si misma al cerrar su puerta y subir al elevador.
Afuera en la acera, junto a ella o en contrasentido pasaban las personas a quienes la tormenta había sorprendido, casi todos caminaban aprisa con sus impermeables y sus paraguas "vueltos para arriba" volteados, por el fuerte viento que corría.
Otros transeúntes, peleaban con las bolsas de basura nuevas que les cubrían el cuerpo, como improvisados impermeables. Cada quién inventaba sus vestuarios de protección ante el diluvio, y definitivamente, había mucha creatividad - sonrío Oriana, viéndose a sí misma con el agua cubriéndole la cara en una capa gruesa que le impedía ver.
En la avenida, varios autos estaban detenidos ya por haberse arriesgado a cruzar la corriente, todos con sus luces intermitentes, la gente conducía y sus acompañantes tenían los cristales de las ventanas abiertas, buscando la mejor forma de salir de ahí, mientras el diluvio cobijaba las llantas en su totalidad.
En la fuerte tormenta, las banquetas apenas se distinguían entre los ríos circundantes y las corrientes de agua tomaban fuerza en las calles que tenían cierto desnivel, haciendo el caminar complicado.
Oriana atravesó con cierto esfuerzo la avenida cercana al Hospital. Aunque la tempestad había amainado, en sus botas sentía una fuerza que la empujaba hacia atrás cada vez que daba un paso, iba contra reloj esquivando tapas de drenajes, y la basura que flotaba como adornos e iba a estancarse en las coladeras, haciendo de la ciudad una gran alberca.
Tocando a tientas con sus botas la acera de enfrente, suspiró al llegar a su destino. Se detuvo en el techo del edificio, y procedió a limpiarse el agua de la cara, cabello y manos. Era como haber estado en una regadera con agua helada a toda presión. Antes de ingresar al Hospital, se quitó el impermeable para sacudirle el exceso de agua, y doblarlo lo mejor posible en su bolsa de empaque.
Empujó la puerta de grueso cristal grabado con las iniciales HISU (Hospital Internacional de Servicios de Urgencia), y caminó rápidamente por el pasillo que llevaba a la Unidad de Cuidados Intensivos. Una asistente médica le dio encuentro, tomando la bolsa con el impermeable y entregándole una bata y unos zapatos blancos.
Oriana entró rápido a su consultorio al final del pasillo para vestirse.
Al salir e irse poniendo la mascarilla y los guantes de hule, preguntó: ¿Cómo va todo Nancy? pude dormir unas 3 horas y me siento mejor.
- Doctora, ya tiene el reporte en el cuarto de su mamá, la están esperando para decidir.
- Gracias, ya voy - contestó.
Caminó al final del pasillo, dio vuelta a mano derecha buscando la habitación, y secó sus lágrimas de tristeza, respiró profundamente esbozando una ligera sonrisa al empujar la puerta blanca entreabierta.
- ¿Cómo se encuentra la princesa de mi vida? - Exclamó nada más entrar y ver a su madre dormida.
Oriana revisó el reporte médico puesto en la mesita de noche y movió su cabeza de un lado a otro. Checó el monitor cardíaco y el respirador. Todo controlado hasta ahora. Lo mismo su medicación y sonda.
Natalia (su madre) dormía profundamente después del susto que le hizo pasar el día anterior. ¡Menos mal que era su día de descanso y estaba con ella! - pensó Oriana.
La ambulancia llegó muy rápido, por la cercanía al lugar, luego los acontecimientos fueron muy apresurados para estabilizar el corazón. No era la primera vez que sucedía, eso era lo preocupante. Los estudios estarían ya en camino para decidir que hacer - concluyó,
Oriana tomó la mano de su madre, la acarició y le dijo con voz suave:
- Mamá sé que cuando me ves, siempre dices que he olvidado vivir mi vida, no lo sé la verdad porque amo lo que hago. Veo la vida como un lugar donde uno tiene que ser feliz con lo que hace, y disfrutar el hoy porque todo es pasajero.
Natalia suspiró profundamente, como si hubiera escuchado a su hija (y quizás si, porque el sentido del oído es el último que se pierde), y le apretó ligeramente la mano.
- Oriana, río con la sorpresa y dijo: si mamá parece ser que escuchaste que no voy a cambiar, esta soy yo, me aceptes o no - y volvió a reír.
Le dio un beso en la frente, y se despidió al ver llegar a las enfermeras a su habitación.
Cerró la puerta, caminó con paso lento y muy reflexivo rumbo a la sala de juntas, había que decidir.






