Andén interior

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viernes, 14 de agosto de 2026

Oriana - Parte 1


                                                                        

Parte 1 

                                                     Las tardes en el kiosco.

El reloj de Oriana luce resplandeciente en su caja negra, con interior de terciopelo en el mismo tono.

- Será un complemento perfecto - piensa, y luego suspira

En su vestidor, titubea buscando su traje sastre gris con delgadas rayas blancas que llevaba aquella tarde de diluvios interminables y despedidas dolorosas.

Los recuerdos se agolpan en su cabeza hasta taladrarle, sin darle respiro.

Cuando toma su reloj Cartier de oro y acero, sus dedos tiemblan de frío, como si estuvieran dentro de un trozo de hielo. Mauro después de tantísimos años...casi 20 quizás.

El tiempo desparece, y Oriana revive la película donde ella es la protagonista con 16 años de edad.

En ese entonces, Mauro de 17 siempre tan introvertido, aparecía algunas tardes sin avisar frente al portón de su casa.

Nunca tocaba la puerta, tan solo se sentaba en la banqueta con su grabadora en mano, y aguardaba que ella se asomara y se diera cuenta, o tal vez echaba a la suerte que alguien entrara a casa de Oriana y le dijera que su amigo estaba esperando afuera, pero muchas otras veces nadie lo vio y él se retiraba  caminando por el callejón del frente, volteando de cuando en cuando.

- Mauro era tan diferente a los demás muchachos que conoció - reflexiona Oriana - quizás demasiado tímido.

Cuando lograban coincidir en esas tardes frente al portón, se dirigían al parque y se sentaban en los escalones del kiosco que presidía el lugar,

Mauro colocaba su grabadora un escalón arriba de ellos, y ponía con volumen bajito un poco de música  para ambientar la historia de ese día.

Oriana, sonríe ahora - recordando la escena.

Mauro era siempre muy ceremonioso, como si actuara para todo un auditorio y sólo estaba ella, que se acomodaba en la escalera del kiosco poniendo sus manos en su regazo, para escuchar atenta a su extraño amigo.

La función iniciaba con Mauro mirándola fijamente, y entonces sus manos cobraban vida moviéndose como palomas, para contarle una historia que trajera en su cabeza o surgiera en ese mismo instante. Los diálogos de los personajes que intervenían, tenían voces diversas para identificarlos, podían ser graves, delgadas, quedas, fuertes, explosivas o dramáticas, según lo marcara el momento o la secuencia de esa historia.

En algún punto, Mauro hacía pausas para preguntarle: 

- ¿Crees que la música sea la que requiere esta historia? es que pienso que faltan algunos tonos para crear otra atmósfera. 

Oriana, con cierto nerviosismo por expresar su opinión, solía contestarle: 

- ¡Mauro, a mi me gusta como está quedando! pero mejor decide tú, que eres el artista y confía en los sonidos que escuchas.

Pero las tardes en el parque no eran eternas, el punto final lo marcaba el pequeño Marcelo de 10 años (hermano de Oriana), que  gritaba una cuadra antes, como si trajera integrada una bocina en sus  pulmones:

- ¡Orianaaaaa son las 6 de la tarde! mamá quiere que la acompañes por las compras.

En segundos, Oriana brincaba del escalón donde estuvo sentada, y decía rápidamente a su amigo:

- ¡El permiso se terminó Mauro!, seguimos otra tarde y le daba un beso en la mejilla antes de retirarse rumbo a su casa.

Mauro asentía con la cabeza, y saludaba a lo lejos a Marcelo. Luego tomaba su grabadora y giraba en dirección contraria a la calle de Oriana, para dirigirse a su propia casa sin mucho ánimo de llegar, por cierto.

Mientras Oriana y su hermano corrían por un callejón empinado, Mauro se imaginaba lejos del poblado, dando vida a todos los personajes que guardaba en su mente, y tarareaba también la música de fondo que los acompañaría.

Ya había hablado del tema con sus padres, vivir en una ciudad donde pudiera estudiar artes.

En su cabeza sonaban melodías cada vez que lo pensaba, y veía a sus personajes cobrando vida ante sus ojos, trayendo consigo una especie de esperanza que tanta falta le hacía.

- ¿Música y actuación Mauro eso quieres? - exclamó su padre, poniendo sus ojos desorbitados y ambas manos en su calva. ¡No puede ser que quieras andar a la deriva como teatrero!  Con tus fantasías no llegarás a nada. 

El sermón continuaba con algo así:  "el campo y la tierra te dan seguridad cuando los cuidas, comida a la mesa, alimentos para vender y ganancias como recompensa a tus esfuerzos. Así hemos vivido y progresado Mauro, con realidades y no las fantasías esas que cargas en la cabeza. Ser artista es una fantasía del cine, se esfuma cuando prenden las luces,  y no da de comer"

Mauro escuchaba agachado, sin decir palabra alguna. 

Su madre los veía desde la cocina, y asentía con su cabeza dándole la razón a su esposo. 

Entonces, Mauro se retiraba diciendo que estaba cansado y no comería. Desapareciendo por el pasillo, para  refugiarse en su cuarto sumamente contrariado.

Llegando a su habitación, abría la ventana para respirar profundamente, y luego tomaba alguno de sus libros, sentándose en su cama y lo hojeaba sobre las piernas, sin fijarse en nada en particular, tan solo para tranquilizarse y terminar de asimilar lo que deseaba hacer en la vida, en su vida. 

Una vez tranquilo, regresaba a los ensueños de la ciudad donde estudiaría con aprobación o sin ella.




domingo, 9 de agosto de 2026

Seis y Dos

 



Nati brinca de un lado a otro, con pequeños pasos de 1 en 1, de 2 en 2, y va cantando aquella ronda infantil de 2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6. 

Sonia, su mamá la observa a corta distancia, y le indica con las manos que regrese adonde ella está, le señala el reloj de su muñeca varias veces, con cierta ansiedad.

¡Que tarde tan divertida ha pasado Natalia! se nota en sus cabellos enredados por el viento y apenas sujetos por su listón rosa, la cara sonriente y polvorienta con harina del pambazo que va comiendo.

¡Esto si me gusta mamá! - grita Nati y enseña el pambazo que lleva en su mano derecha.

El tiempo pasa rápido, ella va brincando lentamente por el parque concentrada en si 2 y 2 son 4, en eso se detiene y busca a lo lejos a Sonia:

¡Mamá cuanto son 6 y 2, que no me acuerdo! - Grita Nati

¡Son 8! ¡Por favor, corre que se hace tarde y esta por llover! - Contesta la mamá.

Sonia busca con la mirada un lugar donde guarecerse, han empezado a caer gotas enormes. Muy tarde se dio cuenta que olvidó el paraguas y parece por la negrura de las nubes, que ni corriendo evitarán que la lluvia las moje. 

Quizás sea un chubasco repentino, el cielo estaba despejado hace unos minutos y de color azul brillante. Es una tarde veraniega difícil de descifrar, primero corrió un poco de viento en lo que Nati se columpiaba en el área de juegos. 

Sonia se quedó sentada en una mesita del parque viendo a su hija correr, saltar, cantar, gritar, contar. Compró 2 jugos y 2 pambazos, para ella y su hija, entreteniendo al hambre en lo que llegan a casa.

Nati es una niña alta para los 5 años que acaba de cumplir, siempre sonriente y con sobre carga de energía, de ahí que se haya hecho costumbre pasar al parquecito, antes de llegar a casa.

- Mami, ya llegué - dice Nati y le da la mano a su mamá.

- Agárrame fuerte Natalia, vamos a correr hasta la estructura que está en medio. No traigo paraguas, pero nos da tiempo de llegar allí y no mojarnos.

Empieza la carrera, mientras gotas enormes caen con intensidad al piso del parque, el viento ha regresado en la tarde veraniega. 

Más gente se une a la graciosa huida, zapatos golpeando charcos y salpicando pantalones, calcetas y pantorrillas. Es una mezcla de ambiente caluroso y frescor en la cabeza, la cara, la espalda, los brazos y las piernas cuando el agua va escurriéndose.

Por fin guarecidas y empapadas, cabellos chorreando, zapatos hinchados de agua, ropa mojada y pesada de lluvia, Sonia mira a Natalia y ambas ríen a carcajadas.

- Nena,  dame la mano y vamos a seguir caminando, falta 1 cuadra para casa. No tiene caso seguir aquí todas empapadas.

- ¡Quiero más tardes así mami! - contesta Nati - y vuelve a preguntar: ¿6 y 2 son 8 verdad? 


martes, 4 de agosto de 2026

Por breves instantes


Soy docente universitaria.

Antes tuve otros muchos papeles que desempeñar, pero dar clases es lo que soñé desde niña. Un pizarrón y enseñar en un salón de clases era mi sueño principal.

Así que intempestivamente perder la voz, fue algo que me dejó en shock.

¿Cómo comunicarme con mis alumnos y con todo mundo?

Mi inconsciente quería descansar de cascadas de frases y palabras significativas dichas para otros.

Ahora la vida decía que tenía que conectar conmigo misma.

Forzadamente, tuve que tomar un receso de 6 meses para recuperarme del desgaste en las cuerdas vocales, que me obligaron a estar en silencio y tomar medicamentos, para posteriormente entrenar mis cuerdas vocales y no lastimarme nuevamente.

Seis meses eran una eternidad, en mi medición subjetiva del tiempo y la desesperación de guardar silencio. Buscando en que ocuparme, me inscribí en un curso de lenguaje de señas que deseaba tomar desde tiempo atrás, porque educación especial es un área que adoro trabajar. 

Lo que no sabía, es que mi curso me llevaría a conectar con mi infancia.

Una vez inscrita, me enviaron mi horario de clases, número de grupo y nombre del docente asignado, más la clave para conectarse a la plataforma. 

El primer día sintiéndome muy emocionada, me conecté desde mi computadora. Las actividades iniciales sirvieron para conocer a la docente y los alumnos. Luego vino la explicación de como se trabajaría, las actividades que realizaríamos en la plataforma o en casa.

Para iniciar la clase, una pregunta me regresó a la infancia en 2 segundos:

Docente: "Tienen ya su manual" 

Alumnos (menos yo): Si

Mi cara de sorpresa quedó grabada en la sesión, junto con mi pregunta de  ¿Cuál manual? escrita en el chat grupal.

Docente: "¿Revisaste el mensaje que les enviaron?

¿Mensaje? (busco mi celular, con los mensajes desconocidos que no leo).


Regresión a mi niñez:

*¿De qué habla la maestra Ofelia? (¡Cuántas desventuras pasé con ella!)

* ¿Tarea? (¿Cuál de todas las que deja?)

- ¡Quedas sin recreo y escribirás frases para que no lo vuelvas a olvidar!

* Ese era el precio de la libertad de evitar las tareas. En realidad tomaba clases vespertinas de piano (que amaba), danza y pintura (esas más o menos) 

Y así instalada en mi niñez, rememoré que también quise estudiar música, y luego estar en alguna banda que explorará con jazz, blues, rock. 

Al salir de bachillerato, terminé optando por mi segunda opción: Psicología...pero la música se quedó metida en mi alma, porque ameniza mi vida todos los días.

 





Años después




Me gustan los días donde puedes permanecer inmóvil viendo lo que se te ocurra, sin tener que explicar nada, tan solo mirar y disfrutar de la calma que experimentas.

Son mis mejores días, y hoy es uno de ellos.

Anoche soñé, no recuerdo y tampoco me importa.

La paz de abrir los ojos y agradecer es inigualable. 

Un día nublado por momentos. 

Minutos después soleado, y con el viento  arrastrando las hojas del jardín.

Y luego, un remolino doblando las ramas de los árboles que apenas pueden mantenerse erguidos. 

¿Qué más puedo pedir y desear? 

La experiencia de despertar para ver la realidad con menos velos.

De respirar profundamente y sentirme  libre de ir y venir adentro o afuera mío

A eso lo llamo vivir con más lucidez.

Y lo agradezco...años después de muchas búsquedas, al fin entiendo esta  experiencia.

Nostalgia y vida

                                                

                                                        
Amo los atardeceres, creo que desde siempre. Esa extraña sensación de melancolía por lo que se va y la llegada de la oscuridad para soñar.

Algunas personas escriben sus sueños en cuanto amanecen, en mi caso solo disfruto de soñar profundo. 



Es muy raro recordar lo que he soñado, salvo hace unos 3 años en que me soñé en una fiesta donde el festejado era uno de mis mejores amigos, al que aún extraño.

Suelo decir que el universo se lo llevó y está en otro plano. 

En mi sueño estaba en su fiesta, mi amigo se acercó muy sonriente y platicamos. En mi sueño era como si cotidianamente estuviéramos en contacto y no hubiera la distancia enorme que siento regreso a mi personaje de la vida actual.

Quizás los vacíos no existen en los sueños, porque están llenos de realidad con una energía diferente, que hace las distancias inexistentes. 

Tal vez los vacíos se hacen presentes al sentir nostalgia, y se abren huecos que ninguna energía puede llenar en este plano.

Regreso a los atardeceres, que tanto disfruto.

Sus colores rojizos, cafés, amarillos brillantes y la luz transparente que los rodea pueden acariciarte e invitarte a soñar,  y regresar adonde tus espacios se llenan y no existe la melancolía por quienes ya no están y aún extrañas.