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martes, 4 de agosto de 2026

Por breves instantes


Soy docente universitaria.

Antes tuve otros muchos papeles que desempeñar, pero dar clases es lo que soñé desde niña. Un pizarrón y enseñar en un salón de clases era mi sueño principal.

Así que intempestivamente perder la voz, fue algo que me dejó en shock.

¿Cómo comunicarme con mis alumnos y con todo mundo?

Mi inconsciente quería descansar de cascadas de frases y palabras significativas dichas para otros.

Ahora la vida decía que tenía que conectar conmigo misma.

Forzadamente, tuve que tomar un receso de 6 meses para recuperarme del desgaste en las cuerdas vocales, que me obligaron a estar en silencio y tomar medicamentos, para posteriormente entrenar mis cuerdas vocales y no lastimarme nuevamente.

Seis meses eran una eternidad, en mi medición subjetiva del tiempo y la desesperación de guardar silencio. Buscando en que ocuparme, me inscribí en un curso de lenguaje de señas que deseaba tomar desde tiempo atrás, porque educación especial es un área que adoro trabajar. 

Lo que no sabía, es que mi curso me llevaría a conectar con mi infancia.

Una vez inscrita, me enviaron mi horario de clases, número de grupo y nombre del docente asignado, más la clave para conectarse a la plataforma. 

El primer día sintiéndome muy emocionada, me conecté desde mi computadora. Las actividades iniciales sirvieron para conocer a la docente y los alumnos. Luego vino la explicación de como se trabajaría, las actividades que realizaríamos en la plataforma o en casa.

Para iniciar la clase, una pregunta me regresó a la infancia en 2 segundos:

Docente: "Tienen ya su manual" 

Alumnos (menos yo): Si

Mi cara de sorpresa quedó grabada en la sesión, junto con mi pregunta de  ¿Cuál manual? escrita en el chat grupal.

Docente: "¿Revisaste el mensaje que les enviaron?

¿Mensaje? (busco mi celular, con los mensajes desconocidos que no leo).


Regresión a mi niñez:

*¿De qué habla la maestra Ofelia? (¡Cuántas desventuras pasé con ella!)

* ¿Tarea? (¿Cuál de todas las que deja?)

- ¡Quedas sin recreo y escribirás frases para que no lo vuelvas a olvidar!

* Ese era el precio de la libertad de evitar las tareas. En realidad tomaba clases vespertinas de piano (que amaba), danza y pintura (esas más o menos) 

Y así instalada en mi niñez, rememoré que también quise estudiar música, y luego estar en alguna banda que explorará con jazz, blues, rock. 

Al salir de bachillerato, terminé optando por mi segunda opción: Psicología...pero la música se quedó metida en mi alma, porque ameniza mi vida todos los días.

 





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