Amo los atardeceres, creo que desde siempre. Esa extraña sensación de melancolía por lo que se va y la llegada de la oscuridad, hasta que puedes soñar.
Algunas personas escriben sus sueños en cuanto amanecen, en mi caso solo disfruto de soñar profundo.
Es muy raro recordar lo que he soñado, salvo hace unos 3 años en que me soñé en una fiesta donde el festejado era uno de mis mejores amigos, al que he extrañado por mucho tiempo.
Suelo decir que el universo se lo llevó, porque se fue a otro plano. Ahora estaba en su fiesta, se acercó muy sonriente y platicamos. En mi sueño era como si cotidianamente estuviéramos en contacto.
Quizás los vacíos no existen en los sueños, porque están llenos de vida con una energía diferente, que hace las distancias inexistentes.
Tal vez los vacíos se hacen presentes en la vida al sentir nostalgia, y se abren huecos que ninguna energía puede llenar jamás.
Regreso a los atardeceres, que tanto disfruto.
Los colores rojizos, cafés, amarillos brillantes y esa luz transparente que rodea todo, para acariciarte e invitarte a soñar y llenar tu melancolía por quienes ya no están y aún extrañas.


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