Nati brinca de un lado a otro, con pequeños pasos de 1 en 1, de 2 en 2, y va cantando aquella ronda infantil de 2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6.
Sonia, su mamá la observa a corta distancia, y le indica con las manos que regrese adonde ella está, le señala el reloj de su muñeca varias veces, con cierta ansiedad.
¡Que tarde tan divertida ha pasado Natalia! se nota en sus cabellos enredados por el viento y apenas sujetos por su listón rosa, la cara sonriente y polvorienta con harina del pambazo que va comiendo.
¡Esto si me gusta mamá! - grita Nati y enseña el pambazo que lleva en su mano derecha.
El tiempo pasa rápido, ella va brincando lentamente por el parque concentrada en si 2 y 2 son 4, en eso se detiene y busca a lo lejos a Sonia:
¡Mamá cuanto son 6 y 2, que no me acuerdo! - Grita Nati
¡Son 8! ¡Por favor, corre que se hace tarde y esta por llover! - Contesta la mamá.
Sonia busca con la mirada un lugar donde guarecerse, han empezado a caer gotas enormes. Muy tarde se dio cuenta que olvidó el paraguas y parece por la negrura de las nubes, que ni corriendo evitarán que la lluvia las moje.
Quizás sea un chubasco repentino, el cielo estaba despejado hace unos minutos y de color azul brillante. Es una tarde veraniega difícil de descifrar, primero corrió un poco de viento en lo que Nati se columpiaba en el área de juegos.
Sonia se quedó sentada en una mesita del parque viendo a su hija correr, saltar, cantar, gritar, contar. Compró 2 jugos y 2 pambazos, para ella y su hija, entreteniendo al hambre en lo que llegan a casa.
Nati es una niña alta para los 5 años que acaba de cumplir, siempre sonriente y con sobre carga de energía, de ahí que se haya hecho costumbre pasar al parquecito, antes de llegar a casa.
- Mami, ya llegué - dice Nati y le da la mano a su mamá.
- Agárrame fuerte Natalia, vamos a correr hasta la estructura que está en medio. No traigo paraguas, pero nos da tiempo de llegar allí y no mojarnos.
Empieza la carrera, mientras gotas enormes caen con intensidad al piso del parque, el viento ha regresado en la tarde veraniega.
Más gente se une a la graciosa huida, zapatos golpeando charcos y salpicando pantalones, calcetas y pantorrillas. Es una mezcla de ambiente caluroso y frescor en la cabeza, la cara, la espalda, los brazos y las piernas cuando el agua va escurriéndose.
Por fin guarecidas y empapadas, cabellos chorreando, zapatos hinchados de agua, ropa mojada y pesada de lluvia, Sonia mira a Natalia y ambas ríen a carcajadas.
- Nena, dame la mano y vamos a seguir caminando, falta 1 cuadra para casa. No tiene caso seguir aquí todas empapadas.
- ¡Quiero más tardes así mami! - contesta Nati - y vuelve a preguntar: ¿6 y 2 son 8 verdad?


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