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domingo, 6 de septiembre de 2026

Oriana - Parte 2



                              


        

Parte 2

                                                                   Del vivir

Oriana nos aguarda en el vestidor.

Ha repasado de su guardarropa todo: faldas, vestidos, blusas, pantalones, sacos, chamarras, abrigos, capas,  buscando aquel traje sastre que guardó en un compartimiento que ahora no recuerda.

Su inconsciente está bloqueando los recuerdos de hace 14 años.

Esa tarde de hace mucho tiempo,  una tempestad inundaba las principales avenidas de la ciudad y al asomarse desde su 5o. piso, Oriana decidió salir forrada con su impermeable blanco con capucha, recogerse su cabello en un chongo, ponerse las  botas negras a la rodilla y sobre todo, decidió no manejar ese día viendo los carros parados en la avenida.

Caminar, eso era lo más recomendable después de 36 horas en vela, trataría de ir pendiente de los desniveles en las banquetas y de las coladeras abiertas o faltantes.

- Esto es un reto, pero llegaré a tiempo - pensó para si misma al cerrar su puerta y subir al elevador.

Afuera en la acera, junto a ella o en contrasentido pasaban las personas sorprendidas por la tormenta,  caminando aprisa con sus impermeables y sus paraguas volteados por el fuerte viento que corría.

Otros transeúntes, peleaban con las bolsas nuevas de basura que les cubrían el cuerpo, como improvisados impermeables. Cada quién inventaba sus vestuarios de protección con mucha creatividad,  - sonrío Oriana - viéndose a sí misma con el agua cubriéndole la cara en una capa gruesa que le impedía ver. 

En la avenida, varios autos estaban ya detenidos con los motores sin funcionar y las intermitentes puestas, al haberse arriesgado a cruzar la fuerte corriente. Las ventanas abiertas mostraban personas desesperadas por salir de ahí, mientras el diluvio tapaba las llantas de sus carros en su totalidad. 

Las banquetas apenas se distinguían entre los ríos y las corrientes de las calles, y en las avenidas que tenían cierto desnivel, la fuerza del agua se incrementaba y jalaba a todo aquel que intentara cruzar.

Oriana atravesó con esfuerzo la avenida cercana al Hospital. Aunque la tempestad amainaba, en sus botas sentía una fuerza que la empujaba hacia atrás cada vez que daba un paso. Iba contra reloj esquivando tapas de drenajes, y la basura que flotaba como adorno en las coladeras, haciendo de la ciudad una gran alberca.

Caminando a tientas con sus botas, logró subirse a la acera y suspiró por llegar a su destino.  Se detuvo en el techo del edificio, y procedió a limpiarse el agua de la cara, cabello y manos. Era como haber estado en una regadera a toda presión. Antes de ingresar al Hospital se quitó el impermeable, sacudiéndole el exceso de agua, para doblarlo lo mejor posible en su bolsa de empaque.

Empujó la puerta de grueso cristal grabado con las iniciales HISU (Hospital Internacional de Servicios de Urgencias), y caminó rápidamente por el pasillo que llevaba a la Unidad de Cuidados Intensivos. Una asistente médica le dio encuentro, tomando la bolsa con el impermeable y entregándole una bata y unos zapatos blancos. 

Oriana entró rápido a su consultorio al final del pasillo para vestirse. 

Al salir e irse poniendo la mascarilla y los guantes de hule, preguntó: ¿Cómo va todo Nancy? pude dormir unas 3 horas y me siento mejor.

- Doctora, ya tiene el reporte en el cuarto de su mamá, la están esperando para decidir.

-  Gracias, ya voy - contestó.

Caminó al final del pasillo, dio vuelta a mano derecha buscando la habitación, y secó sus lágrimas de tristeza, respiró profundamente esbozando una ligera sonrisa al empujar la puerta blanca entreabierta.

- ¿Cómo se encuentra la reina de mi vida? - Exclamó nada más entrar y ver a su madre dormida.

Oriana revisó el reporte médico puesto en la mesita de noche y movió su cabeza de un lado a otro.  Checó el monitor y el respirador. Todo controlado hasta ahora. Lo mismo su medicación y sonda.

Natalia (su madre) dormía profundamente después del susto que le hizo pasar el día anterior. ¡Menos mal que era su día de descanso y estaba con ella! - pensó Oriana.

La ambulancia llegó muy rápido, por la cercanía al lugar, luego los acontecimientos fueron muy apresurados para estabilizar el corazón. No era  la primera vez que sucedía, eso era lo preocupante. Los estudios estarían ya en camino para decidir que hacer - concluyó,

Oriana tomó la mano de su madre, la acarició y le dijo con voz suave: 

- Mamá sé que cuando me ves, siempre dices que he olvidado vivir mi vida, no lo sé la verdad porque amo lo que hago. Veo la vida como un lugar donde uno tiene que ser feliz con lo que hace, y disfrutar el hoy porque del mañana nunca se sabe. 

Natalia suspiró profundamente, como si hubiera escuchado a su hija (y quizás si, porque el sentido del oído es el último que se pierde), y le apretó ligeramente la mano. 

- Oriana, sonrió por la reacción repentina de su mamá y le dijo: parece ser que escuchaste que no voy a cambiar mamá, no te preocupes por mi, soy feliz. Te amo.

Le dio un beso en la frente, y se despidió al ver llegar a las enfermeras a su habitación.

Cerró la puerta, caminó con paso lento y muy reflexivo rumbo a la sala de juntas, había que decidir.

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