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martes, 18 de agosto de 2026

Oriana - Parte 2



                              


        

Parte 2

                                                            ¿Crecer y vivir?

Oriana nos aguarda en el vestidor.

Ha repasado su guardarropa todo: faldas, vestidos, blusas, pantalones, sacos, chamarras, abrigos, capas,  buscando aquel traje sastre que guardó en un compartimiento que ahora no recuerda.

Su inconsciente está bloqueando los recuerdos de hace 14 años.

Esa tarde de hace mucho tiempo,  una tempestad inundaba las principales avenidas de la ciudad y al asomarse desde su 5o. piso, Oriana decidió salir forrada con su impermeable blanco con capucha, recogerse su cabello en un chongo, ponerse las  botas negras a la rodilla y sobre todo, decidió no manejar ese día viendo los carros parados en la avenida.

Caminar, eso era lo más recomendable después de 36 horas en vela, trataría de ir pendiente de los desniveles en las banquetas y de las coladeras abiertas o faltantes.

- Esto es un reto, pero llegaré a tiempo - pensó para si misma al cerrar su puerta y subir al elevador.

Afuera en la acera, junto a ella o en contrasentido pasaban las personas a quienes la tormenta había sorprendido, casi todos caminaban aprisa con sus  impermeables y sus paraguas "vueltos para arriba" volteados, por el fuerte viento que corría.

Otros transeúntes, peleaban con las bolsas de basura nuevas que les cubrían el cuerpo, como improvisados impermeables. Cada quién inventaba sus vestuarios de protección ante el diluvio, y definitivamente, había mucha creatividad - sonrío Oriana, viéndose a sí misma con el agua cubriéndole la cara en una capa gruesa que le impedía ver. 

En la avenida, varios autos estaban detenidos ya por haberse arriesgado a cruzar la corriente, todos con sus luces intermitentes, la gente conducía y sus acompañantes tenían los cristales de las ventanas abiertas, buscando la mejor forma de salir de ahí, mientras el diluvio cobijaba las llantas en su totalidad. 

En la fuerte tormenta,  las banquetas apenas se distinguían entre los ríos circundantes y las corrientes de agua tomaban fuerza en las calles que tenían cierto desnivel, haciendo el caminar complicado.

Oriana atravesó con cierto esfuerzo la avenida cercana al Hospital. Aunque la tempestad había amainado, en sus botas sentía una fuerza que la empujaba hacia atrás cada vez que daba un paso, iba contra reloj esquivando tapas de drenajes, y la basura que flotaba como adornos e iba a estancarse en las coladeras, haciendo de la ciudad una gran alberca.

Tocando a tientas con sus botas la acera de enfrente, suspiró al llegar a su destino.  Se detuvo en el techo del edificio, y procedió a limpiarse el agua de la cara, cabello y manos. Era como haber estado en una regadera con agua helada a toda presión. Antes de ingresar al Hospital, se quitó el impermeable para  sacudirle el exceso de agua, y doblarlo lo mejor posible en su bolsa de empaque.

Empujó la puerta de grueso cristal grabado con las iniciales HISU (Hospital Internacional de Servicios de Urgencia), y caminó rápidamente por el pasillo que llevaba a la Unidad de Cuidados Intensivos. Una asistente médica le dio encuentro, tomando la bolsa con el impermeable y entregándole una bata y unos zapatos blancos. 

Oriana entró rápido a su consultorio al final del pasillo para vestirse. 

Al salir e irse poniendo la mascarilla y los guantes de hule, preguntó: ¿Cómo va todo Nancy? pude dormir unas 3 horas y me siento mejor.

- Doctora, ya tiene el reporte en el cuarto de su mamá, la están esperando para decidir.

-  Gracias, ya voy - contestó.

Caminó al final del pasillo, dio vuelta a mano derecha buscando la habitación, y secó sus lágrimas de tristeza, respiró profundamente esbozando una ligera sonrisa al empujar la puerta blanca entreabierta.

- ¿Cómo se encuentra la princesa de mi vida? - Exclamó nada más entrar y ver a su madre dormida.

Oriana revisó el reporte médico puesto en la mesita de noche y movió su cabeza de un lado a otro.  Checó el monitor cardíaco y el respirador. Todo controlado hasta ahora. Lo mismo su medicación y sonda.

Natalia (su madre) dormía profundamente después del susto que le hizo pasar el día anterior. ¡Menos mal que era su día de descanso y estaba con ella! - pensó Oriana.

La ambulancia llegó muy rápido, por la cercanía al lugar, luego los acontecimientos fueron muy apresurados para estabilizar el corazón. No era  la primera vez que sucedía, eso era lo preocupante. Los estudios estarían ya en camino para decidir que hacer - concluyó,

Oriana tomó la mano de su madre, la acarició y le dijo con voz suave: 

- Mamá sé que cuando me ves, siempre dices que he olvidado vivir mi vida, no lo sé la verdad porque amo lo que hago. Veo la vida como un lugar donde uno tiene que ser feliz con lo que hace, y disfrutar el hoy porque todo es pasajero. 

Natalia suspiró profundamente, como si hubiera escuchado a su hija (y quizás si, porque el sentido del oído es el último que se pierde), y le apretó ligeramente la mano. 

- Oriana, río con la sorpresa y dijo: si mamá parece ser que escuchaste que no voy a cambiar, esta soy yo, me aceptes o no - y volvió a reír. 

Le dio un beso en la frente, y se despidió al ver llegar a las enfermeras a su habitación.

Cerró la puerta, caminó con paso lento y muy reflexivo rumbo a la sala de juntas, había que decidir.

viernes, 14 de agosto de 2026

Oriana - Parte 1


                                                                        

Parte 1 

                                                     Las tardes en el kiosco.

El reloj de Oriana luce resplandeciente en su caja negra, con interior de terciopelo en el mismo tono.

- Será un complemento perfecto - piensa, y luego suspira

En su vestidor, titubea buscando su traje sastre gris con delgadas rayas blancas que llevaba aquella tarde de diluvios interminables y despedidas dolorosas.

Los recuerdos se agolpan en su cabeza hasta taladrarle, sin darle respiro.

Cuando toma su reloj Cartier de oro y acero, sus dedos tiemblan de frío, como si estuvieran dentro de un trozo de hielo. Mauro después de tantísimos años...casi 20 quizás.

El tiempo desparece, y Oriana revive la película donde ella es la protagonista con 16 años de edad.

En ese entonces, Mauro de 17 siempre tan introvertido, aparecía algunas tardes sin avisar frente al portón de su casa.

Nunca tocaba la puerta, tan solo se sentaba en la banqueta con su grabadora en mano, y aguardaba que ella se asomara y se diera cuenta, o tal vez echaba a la suerte que alguien entrara a casa de Oriana y le dijera que su amigo estaba esperando afuera, pero muchas otras veces nadie lo vio y él se retiraba  caminando por el callejón del frente, volteando de cuando en cuando.

- Mauro era tan diferente a los demás muchachos que conoció - reflexiona Oriana - quizás demasiado tímido.

Cuando lograban coincidir en esas tardes frente al portón, se dirigían al parque y se sentaban en los escalones del kiosco que presidía el lugar,

Mauro colocaba su grabadora un escalón arriba de ellos, y ponía con volumen bajito un poco de música  para ambientar la historia de ese día.

Oriana, sonríe ahora - recordando la escena.

Mauro era siempre muy ceremonioso, como si actuara para todo un auditorio y sólo estaba ella, que se acomodaba en la escalera del kiosco poniendo sus manos en su regazo, para escuchar atenta a su extraño amigo.

La función iniciaba con Mauro mirándola fijamente, y entonces sus manos cobraban vida moviéndose como palomas, para contarle una historia que trajera en su cabeza o surgiera en ese mismo instante. Los diálogos de los personajes que intervenían, tenían voces diversas para identificarlos, podían ser graves, delgadas, quedas, fuertes, explosivas o dramáticas, según lo marcara el momento o la secuencia de esa historia.

En algún punto, Mauro hacía pausas para preguntarle: 

- ¿Crees que la música sea la que requiere esta historia? es que pienso que faltan algunos tonos para crear otra atmósfera. 

Oriana, con cierto nerviosismo por expresar su opinión, solía contestarle: 

- ¡Mauro, a mi me gusta como está quedando! pero mejor decide tú, que eres el artista y confía en los sonidos que escuchas.

Pero las tardes en el parque no eran eternas, el punto final lo marcaba el pequeño Marcelo de 10 años (hermano de Oriana), que  gritaba una cuadra antes, como si trajera integrada una bocina en sus  pulmones:

- ¡Orianaaaaa son las 6 de la tarde! mamá quiere que la acompañes por las compras.

En segundos, Oriana brincaba del escalón donde estuvo sentada, y decía rápidamente a su amigo:

- ¡El permiso se terminó Mauro!, seguimos otra tarde y le daba un beso en la mejilla antes de retirarse rumbo a su casa.

Mauro asentía con la cabeza, y saludaba a lo lejos a Marcelo. Luego tomaba su grabadora y giraba en dirección contraria a la calle de Oriana, para dirigirse a su propia casa sin mucho ánimo de llegar, por cierto.

Mientras Oriana y su hermano corrían por un callejón empinado, Mauro se imaginaba lejos del poblado, dando vida a todos los personajes que guardaba en su mente, y tarareaba también la música de fondo que los acompañaría.

Ya había hablado del tema con sus padres, vivir en una ciudad donde pudiera estudiar artes.

En su cabeza sonaban melodías cada vez que lo pensaba, y veía a sus personajes cobrando vida ante sus ojos, trayendo consigo una especie de esperanza que tanta falta le hacía.

- ¿Música y actuación Mauro eso quieres? - exclamó su padre, poniendo sus ojos desorbitados y ambas manos en su calva. ¡No puede ser que quieras andar a la deriva como teatrero!  Con tus fantasías no llegarás a nada. 

El sermón continuaba con algo así:  "el campo y la tierra te dan seguridad cuando los cuidas, comida a la mesa, alimentos para vender y ganancias como recompensa a tus esfuerzos. Así hemos vivido y progresado Mauro, con realidades y no las fantasías esas que cargas en la cabeza. Ser artista es una fantasía del cine, se esfuma cuando prenden las luces,  y no da de comer"

Mauro escuchaba agachado, sin decir palabra alguna. 

Su madre los veía desde la cocina, y asentía con su cabeza dándole la razón a su esposo. 

Entonces, Mauro se retiraba diciendo que estaba cansado y no comería. Desapareciendo por el pasillo, para  refugiarse en su cuarto sumamente contrariado.

Llegando a su habitación, abría la ventana para respirar profundamente, y luego tomaba alguno de sus libros, sentándose en su cama y lo hojeaba sobre las piernas, sin fijarse en nada en particular, tan solo para tranquilizarse y terminar de asimilar lo que deseaba hacer en la vida, en su vida. 

Una vez tranquilo, regresaba a los ensueños de la ciudad donde estudiaría con aprobación o sin ella.




domingo, 9 de agosto de 2026

Seis y Dos

 



Nati brinca de un lado a otro, con pequeños pasos de 1 en 1, de 2 en 2, y va cantando aquella ronda infantil de 2 y 2 son 4, 4 y 2 son 6. 

Sonia, su mamá la observa a corta distancia, y le indica con las manos que regrese adonde ella está, le señala el reloj de su muñeca varias veces, con cierta ansiedad.

¡Que tarde tan divertida ha pasado Natalia! se nota en sus cabellos enredados por el viento y apenas sujetos por su listón rosa, la cara sonriente y polvorienta con harina del pambazo que va comiendo.

¡Esto si me gusta mamá! - grita Nati y enseña el pambazo que lleva en su mano derecha.

El tiempo pasa rápido, ella va brincando lentamente por el parque concentrada en si 2 y 2 son 4, en eso se detiene y busca a lo lejos a Sonia:

¡Mamá cuanto son 6 y 2, que no me acuerdo! - Grita Nati

¡Son 8! ¡Por favor, corre que se hace tarde y esta por llover! - Contesta la mamá.

Sonia busca con la mirada un lugar donde guarecerse, han empezado a caer gotas enormes. Muy tarde se dio cuenta que olvidó el paraguas y parece por la negrura de las nubes, que ni corriendo evitarán que la lluvia las moje. 

Quizás sea un chubasco repentino, el cielo estaba despejado hace unos minutos y de color azul brillante. Es una tarde veraniega difícil de descifrar, primero corrió un poco de viento en lo que Nati se columpiaba en el área de juegos. 

Sonia se quedó sentada en una mesita del parque viendo a su hija correr, saltar, cantar, gritar, contar. Compró 2 jugos y 2 pambazos, para ella y su hija, entreteniendo al hambre en lo que llegan a casa.

Nati es una niña alta para los 5 años que acaba de cumplir, siempre sonriente y con sobre carga de energía, de ahí que se haya hecho costumbre pasar al parquecito, antes de llegar a casa.

- Mami, ya llegué - dice Nati y le da la mano a su mamá.

- Agárrame fuerte Natalia, vamos a correr hasta la estructura que está en medio. No traigo paraguas, pero nos da tiempo de llegar allí y no mojarnos.

Empieza la carrera, mientras gotas enormes caen con intensidad al piso del parque, el viento ha regresado en la tarde veraniega. 

Más gente se une a la graciosa huida, zapatos golpeando charcos y salpicando pantalones, calcetas y pantorrillas. Es una mezcla de ambiente caluroso y frescor en la cabeza, la cara, la espalda, los brazos y las piernas cuando el agua va escurriéndose.

Por fin guarecidas y empapadas, cabellos chorreando, zapatos hinchados de agua, ropa mojada y pesada de lluvia, Sonia mira a Natalia y ambas ríen a carcajadas.

- Nena,  dame la mano y vamos a seguir caminando, falta 1 cuadra para casa. No tiene caso seguir aquí todas empapadas.

- ¡Quiero más tardes así mami! - contesta Nati - y vuelve a preguntar: ¿6 y 2 son 8 verdad? 


martes, 4 de agosto de 2026

Por breves instantes

En el semestre sabático que forzadamente tomé para recuperarme del desgaste en las cuerdas vocales, entre tratamientos médicos, descubrí que todavía soy aquella niña que no llevaba la tarea, y en el  recreo escribía 100 tontas frases con: "debo traer mi tarea" 

La semana pasada me inscribí al curso virtual que deseaba desde tiempo atrás. 

Me enviaron mi horario de clases, nombre del docente, plataforma etc.

Muy emocionada me conecto el primer día, viene la presentación de los alumnos y el docente, y luego la pregunta que me regresó a la infancia en 2 segundos:

Docente: "Tienen ya su manual" 

Alumnos (menos yo): Siiii 

Mi cara de sorpresa quedó grabada en la sesión, junto con mi pregunta de: ¿Cuál manual?

Docente: "¿Revisaste el mensaje que les enviaron?

¿Mensaje?...(busco mi celular, los mensajes raros que nunca leo).


Regresa otra vez mi niñez y mi tormento:

- ¿De qué habla la maestra Ofelia? 

(¡Cuántas desventuras con ella jaja!)


- ¿Cuál tarea?

(¿Habré escuchado bien?)


¡Quedas castigada niña!

(¡El precio de la libertad!)


Hoy, todos leyeron el manual y comentaron esto o lo otro, 







Años después




Me gustan los días donde puedes permanecer inmóvil viendo lo que se te ocurre, sin tener que explicar nada, tan solo mirar y disfrutar la calma.

Son mis mejores días, y hoy es uno de ellos.

Anoche soñé, no recuerdo y tampoco me importa.

La paz de abrir los ojos y agradecer la vida es inigualable. 

Un día nublado por momentos. 

Minutos después,  soleado y con el viento  arrastrando las hojas del jardín.

Y luego, un remolino doblando las ramas de los árboles que apenas pueden mantenerse erguidos. 

¿Qué más puedo pedir y desear? 

La experiencia de despertar y gozar cada instante de la vida cambiante. 

De respirar profundamente y sentirme  libre en la Naturaleza.

A eso lo llamo vivir con paz,  y sin deseos de cambiar nada.

Y lo agradezco...años después al fin entiendo esta  experiencia.

Nostalgia y vida

                                                

                                                        
Amo los atardeceres, creo que desde siempre. Esa extraña sensación de melancolía por lo que se va y la llegada de la oscuridad, hasta que puedes soñar. 

Algunas personas escriben sus sueños en cuanto amanecen, en mi caso solo disfruto de soñar profundo. 



Es muy raro recordar lo que he soñado, salvo hace unos 3 años en que me soñé en una fiesta donde el festejado era uno de mis mejores amigos, al que he extrañado por mucho tiempo.

Suelo decir que el universo se lo llevó, porque se fue a otro plano. Ahora estaba en su fiesta, se acercó muy sonriente y platicamos. En mi sueño era como si cotidianamente estuviéramos en contacto. 

Quizás los vacíos no existen en los sueños, porque están llenos de vida con una energía diferente, que hace las distancias inexistentes. 

Tal vez los vacíos se hacen presentes en la vida al sentir nostalgia, y se abren huecos que ninguna energía puede llenar jamás. 

Regreso a los atardeceres, que tanto disfruto.

Los colores rojizos, cafés, amarillos brillantes y esa luz transparente que rodea todo, para acariciarte e invitarte a soñar y llenar tu melancolía por quienes ya no están y aún extrañas.


viernes, 17 de julio de 2026

Transcurrir de todo

 




¿Te has dado cuenta que de un segundo a otro puede estar la eternidad?

Apenas abro los ojos y ya hay cambios por donde quiera que observe.

Y una se duerme con la certeza de que todo seguirá igual al siguiente día, pero la vida tiene múltiples planos y ganas de que no te vuelvas a dormir nunca más, que no se te escape ni un parpadeo, ni un sonido, ni un olor que antes estaba desaparecido, ni un sabor diferente que no hubieras notado.

Me he vuelto más observadora de la vida, de mi propia vida. 

Antes pasaba de todo, me daba igual, y tenía la certeza de despertar a lo mismo y estaba acostumbrada a lavar mi mente con ese pensamiento de ¡Todo sigue igual y creérmelo!.

Pasan los años, se acortan los días, todo es más rápido y entonces tomo mi cámara y saco fotos de muchos instantes (antes nunca quise, los llevaba en mi mente). 

Pero ya no, mi mente se niega a saturarse.

El transcurso de todo me ha cambiado.

Cada día lo percibo lleno de posibilidades, y hasta me doy el gusto de seleccionar su tonalidad, los eventos que llegarán, las emociones que sentiré. Me siento feliz, es como haber descubierto el hilo multicolor de mi vida, por fin días diferentes que puedo conservar en fotos, ahora que mi memoria no me ayuda.

Llegó a la conclusión de que pasar de todo, no es la mejor opción que tomé. Ahora aprecio cada vez que respiro, veo, siento, y me cuesta trabajo dejar escapar tan solo un segundo que no volverá. 

Sí, ahora me siento yo.